La boca del adulto mayor plantea problemas que no aparecen antes: raíces expuestas que se cavan con facilidad, saliva escasa por la medicación, prótesis que dejaron de ajustar y enfermedades generales que condicionan cualquier tratamiento. Atenderla bien exige adaptar el plan a la persona, no aplicar el mismo protocolo de siempre con más años encima.
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La odontogeriatría es la atención bucal adaptada a las personas mayores. Su particularidad no está en la técnica, que es la misma, sino en el contexto: pluripatología, medicación múltiple, cambios en la destreza manual y, a veces, deterioro cognitivo o dependencia.
Hay dos ideas muy extendidas que conviene desmontar. La primera es que perder dientes forma parte de envejecer. No es así: es consecuencia de enfermedad acumulada, sobre todo caries y periodontitis, y es prevenible. La segunda es que a cierta edad «ya no merece la pena» tratar. La boca condiciona directamente la nutrición, el habla y la vida social, y una masticación deficiente se asocia a peor estado general.
Lo que sí cambia es el patrón de la enfermedad. Con la retracción de la encía queda expuesta la raíz, cubierta de cementum y no de esmalte, mucho más vulnerable: aparece la caries radicular, típica de esta etapa. Y la boca seca por medicación multiplica ese riesgo, porque desaparece el efecto protector de la saliva.
Motivos frecuentes de consulta en esta etapa:
Hay un cambio silencioso que merece atención: cuando alguien empieza a evitar ciertos alimentos, comer solo purés o rechazar comidas sociales, con frecuencia hay un problema bucal detrás que no se ha verbalizado como tal.
Revisión que integra medicación, enfermedades generales y grado de autonomía antes de decidir nada.
Estrategias frente a la xerostomía por fármacos: sustitutos salivales, estimulación y ajuste de hábitos.
Tratamiento de las lesiones en la raíz expuesta, con materiales que liberan flúor y técnicas mínimamente invasivas.
Control de la enfermedad de las encías, muy prevalente y con impacto sobre la salud general.
Rebase, reparación o sustitución de prótesis que dejaron de ajustar por reabsorción del hueso.
Recuperar una masticación suficiente, priorizando función sobre complejidad.
Pautas y adaptaciones para pacientes con limitación manual o para quienes los cuidan.
Exploración de la mucosa, clave por la mayor incidencia de cáncer oral en esta edad.
La clave del éxito a esta edad es que el plan sea sostenible. Una rehabilitación técnicamente impecable que el paciente no puede higienizar fracasa antes que una solución más sencilla y mantenible. Por eso se valora la destreza manual, el apoyo familiar y el entorno antes de decidir.
En pacientes con limitación de movilidad ayudan adaptaciones muy simples: engrosar el mango del cepillo con espuma, pasar al cepillo eléctrico —que compensa la falta de fuerza— y sustituir el hilo dental por cepillos interproximales o irrigador, mucho más manejables.
Sobre las prótesis removibles, dos recordatorios que evitan la mayoría de los problemas: retirarlas por la noche, porque dormir con ellas multiplica el riesgo de candidiasis, y limpiarlas con cepillo específico y jabón neutro, no con pasta dental, que las raya. Una llaga bajo la prótesis que no cierra en dos semanas debe revisarse siempre.
Hay dos situaciones que exigen aviso explícito antes de cualquier extracción: tomar anticoagulantes, que rara vez obliga a suspenderlos pero cambia el manejo, y haber recibido bifosfonatos u otros fármacos para la osteoporosis, por el riesgo de complicación ósea. Ninguno de los dos impide tratarse, pero ambos deben conocerse de antemano.
Lo que hace variar el presupuesto:
Conviene preguntar por el mantenimiento a varios años y no solo por el tratamiento inicial: en esta etapa, la solución más barata de colocar no siempre es la más económica de sostener. Y merece la pena valorar si una alternativa más sencilla cubre la función necesaria antes de asumir un plan complejo.
Consulta las guías de precio por tratamiento, con los factores que mueven cada presupuesto y qué preguntar antes de aceptarlo.
No. La pérdida dental es consecuencia de caries y enfermedad periodontal acumuladas, no del envejecimiento en sí. Con higiene adecuada y controles periódicos es perfectamente posible conservar la dentición a edades avanzadas.
Casi con seguridad. Más de cuatrocientos fármacos de uso común reducen el flujo salival: antihipertensivos, antidepresivos, antihistamínicos y los usados para la incontinencia, entre otros. La boca seca multiplica el riesgo de caries y de infecciones por hongos, y existen medidas para compensarla.
En la mayoría de los casos sí, y sin suspender la medicación: interrumpirla suele suponer más riesgo que el sangrado. Lo que cambia es el manejo local, con medidas hemostáticas y a veces coordinación con el médico. Es imprescindible informar del tratamiento antes.
No hay un límite de edad como tal; lo que importa es el estado de salud general, la cantidad de hueso y la capacidad de mantener la higiene. En algunos casos los implantes mejoran mucho la estabilidad de una prótesis y por tanto la alimentación. En otros, una solución más sencilla cumple el objetivo con menos exigencia.
Ayuda simplificar la rutina: cepillo eléctrico, pasta sin espuma abundante, hacerlo a la misma hora y en un entorno tranquilo, y situarse por detrás en lugar de enfrente. Cuando el cepillado no es viable, existen alternativas como gasas con clorhexidina. Conviene consultarlo para adaptar la pauta a cada situación.
No siempre. Muchas veces basta con un rebase, que rellena el espacio que ha dejado la reabsorción del hueso, o con una reparación. Solo se sustituye cuando el desajuste es grande o el material está deteriorado. Lo que no debe hacerse es usar adhesivos de forma indefinida para compensar un desajuste real.
Con más frecuencia que un adulto joven: lo habitual es cada seis meses, y cada tres o cuatro si hay enfermedad periodontal activa, boca seca marcada o prótesis removible. Los cambios en la encía y el hueso son más rápidos y detectarlos pronto evita tratamientos mayores.
La atención dental en esta etapa rinde más cuando el plan se ajusta a lo que la persona puede mantener. Una valoración permite conocer qué es prioritario, qué puede esperar y qué adaptaciones facilitan la higiene diaria.